UN HOMENAJE PARA

HAYDEE CADET

 

Como muchas personas de mi generación, puedo decir que  escuche por primera vez las notas de esa música seductora y a veces bizarra que es el jazz, a través de la radio.
En un ambiente tomado por las radionovelas, los boleros y el Hit Parade, en Valencia existió el "Sonido del Jazz" conducido por Haydee Cadet.

Enrique Lara

 

 Una Comunicadora Comprometida

Haydée Cadet (1923-1998) fue, ante todo, una profesional del micrófono; una voz inconfundible en el dial; una pionera del estilo contemporáneo del decir en radio, basado en el respeto al idioma y al oyente. Desde el año 53, en el que se inicia como locutora, hasta 1995, año en que se retira por razones de salud, esta caraqueña nacida en Curazao se entrega a la radio con convicción y compromiso, para llevar, a través de un variado menú de propuestas radiofónicas, un mensaje lleno de valores positivos, haciéndole un justo contrapeso a la mediocridad imperante en el medio. Así, insistió una y otra vez en “culturizar” la radio comercial con los más variados formatos: Música venezolana, microprogramas históricos o culturales, programas para niños, música académica o el Jazz. Siempre en un lenguaje sencillo, accesible a todos. Dueña de una proverbial simpatía y antecedida por su carcajada contagiosa, fue una prolífica productora radial de la era “preglobal”, sin computadoras ni Internet, que se valió de la investigación y el periodismo para acceder a la información con la que armaba los guiones de sus programas (llegó a reunir una extensa hemeroteca propia con toda la información que, durante décadas extrajo de periódicos y revistas). En esos más de 40 años haciendo Radio, nunca perdió de vista su carácter de comunicadora en toda la amplia acepción de la palabra: poner a los oyentes en contacto con información trascendente de todo tipo; la música siempre es una excusa para decir algo al radioescucha, para dejarle algo. Ella supo como hacer la radio pedagógica y educativa más entretenida de su tiempo, al menos en el centro del país. También sabía que no se puede amar lo que no se conoce, así que dedicó su vida a difundir, por la radio, no solamente la música venezolana, sino también sus costumbres y tradiciones, sus festividades y su folklore, su gente, sus valores y su cultura, todo esto a través de un dominio sorprendente de los géneros musicales criollos, sus autores e interpretes, y de un amor profundo y sincero por lo auténticamente nuestro.

Como dijo Laura Antillano en un acto celebrado en un auditorio de la Universidad de Carabobo a los 5 años de su muerte: “El sentido de construcción de la memoria cultural del país, el sentido de la constancia y el tesón formaban parte de la personalidad misma de esta compañera incansable. El carácter múltiple y variado de su trabajo era realmente asombroso. Recordar a esta mujer es hacernos participes de sus ideas y de su concepción del mundo. Ella mantenía un espíritu de investigación y búsqueda incansable, y a través de todo lo que hacía podíamos percibir su espíritu crítico y su noción de constructora y renovadora del entorno. La admiración que siempre le profesamos nos lleva a recordarla incluso cuando nuestro espíritu duda acerca del valor de continuar en la contienda cultural y humana, sabiendo de los múltiples obstáculos e impedimentos, y entonces entendemos de la necesidad de seguir con alegría y entusiasmo lo emprendido. Esperemos que el recordarla sea motivo para imitarla y que las instituciones a quienes corresponda, y las personas que la conocimos y admiramos cumplamos con el deber de hacerla siempre presente como modelo digno de imitar. La fuerza de nuestros corazones trabajara en esa dirección.”

La Colección de Haydée Cadet consta de unos 4.000 discos de vinilo de larga duración que abarcan los más diversos géneros musicales, en grabaciones adquiridas a lo largo de cuatro décadas, de los años 50 a los 80. En ella encontramos casi de todo: Clásicos, Jazz, Grandes Orquestas, Música del cine, los interpretes populares masculinos y femeninos más escuchados en esos años, Música Caribeña y los grandes referentes nacionales de la época: España, Francia e Italia por un lado, y por el otro México, Cuba, Brasil y, por supuesto, Venezuela, de la que hay no menos de 800 volúmenes. Esta colección, que expresa la amplitud y el alcance de la cultura musical de su fundadora, es también el registro de una época que no volverá; la crónica de las décadas que cambiaron un siglo; el testimonio apasionante del nacimiento de una nueva era. A pesar de lo aparentemente disímil y abigarrado del catalogo, el criterio de selección es sencillo; según una máxima del desaparecido Profesor José Antonio Calcaño solo existen dos tipos de música: la mala… y la buena.

 

Víctor Cadet

Valencia, 22 de Julio de 2006